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El Gesto escondido de un Valiente

  • Junio 5, 2017

Javier Castaño firma dos faenas de enorme mérito, exentas de brillantez pero de mucho valor ante un lote muy complicado de Cuadri, con el que estuvo firme antes de enrocarse con la espada.


Tres cuartos de entrada en los tendidos, con 18.298 entradas vendidas en la 25ª función de la feria de San Isidro.

6 TOROS DE CUADRI, encierro parejo, aunque en distintas líneas, de pocas opciones y decepcionante en conjunto. Noble e inválido el 1º, muy protestado durante la lidia por su manifiesta flojedad; parado y con justo recorrido el 2º; reservón, orientado, arisco y con peligro el 3º; con transmisión y poderoso el 4º, que vendió caras todas las embestidas y salió siempre con la cara alta; arisco, reservón y con dinamita el 5º; encastado y peligroso el 6º, que fue muy protestado durante los primeros tercios y sacó dinamita en la faena de muleta.

FERNANDO ROBLEÑO (azul añil y oro)
Pinchazo y bajonazo —silencio—; y pinchazo y bajonazo —ovación—

JAVIER CASTAÑO (caldero y oro)
Tres pinchazos rematado con cinco descabellos —silencio tras aviso—; y pinchazo, estocada y un descabello —silencio—

ALBERTO LAMELAS (grosella y oro)
Pinchazo hondo rematado con dos descabellos —silencio tras aviso—; y estocada desprendida —silencio tras aviso—
ARTILLERO traía armas, máquinas y municiones como para pasar una guerra. Una guerra larga. Violencia pura y dura. Un arsenal con diáfanas e infames intenciones. Ni una broma. Tras un leve tanteo, Castaño se salió a las rayas con él, se echó la muleta a la izquierda y ahí el toro le pegó dos tarascadas escalofriantes. Se le quedó a medio camino, apenas un cuarto de embestida dejando clara su intención. No una ni dos, hasta tres derrotes secos por ese pitón con el que pareció arrancarle el cuello con toda la violencia del mundo. Una prenda. Pareció Castaño tener una fórmula mágica para imponerse. O más que tenerla (que no la tenía) creérsela para no darse por vencido. A base de exposición, arrestos, disposición y no poco oficio. Una buena dosis de valor. Poco a poco, con la mano derecha, fue desengañándole; de uno en uno, poniéndole y quitándole la muleta. Tapado, mintiéndole más que enseñándole a seguir la muleta. Y así se fue haciendo con él en tres tandas consecutivas por la derecha. No era faena lucida, sí de tremendo mérito, por no rendirse ante la ardua dificultad. Cada muletazo era un robo. En cada uno, toro y torero, se medían y se disputaban cada centímetro de su terreno. Cada uno defendía el suyo. Una guerra en toda regla. El toro puso cojonazos; Castaño también y además lo aderezó con inteligencia. Poco a poco el torero se sentía vencedor y, tal vez por ello, destapó el gesto heroico y sincero, de torero cabal y orgulloso, de salirse con la suya. Así a la quinta tanda, con el toro dominado con reservas, volvió a echarse la muleta a la izquierda (por donde apenas cuatro minutos antes le quiso arrancar la yugular) para no darse por vencido, para salirse con la suya. Le robó apenas muletazo y medio; pero salió victorioso del envite. Fue su pequeña gran gesta. El gesto escondido que valoraron más los profesionales que el público. Un pinchazo se atravesó previo a la estocada y eso determinó el silencio. Así fue la faena, en silencio, pero trepidante y lógicamente exenta de lindezas y estética. No era obra de esos registros. Fue una afrenta de las que queman, de las que envejecen a los toreros en un suspiro, también de las que dan vida por sentirse capaz de imponerse a una fiera corrupia como ese Artillero que cortaba la respiración. Y lo que se pusiera por delante.


Firme, seguro y solvente se mostró Castaño con su primero, donde solo el broche con la espada lo empañó. Antes había planteado una faena en la que fue alternando las manos en las series de muleta ante Sembrador, un astado que no tuvo transmisión y apareció con la fortaleza y el recorrido justo. Buscó siempre Castaño el pitón contrario y fue cortando recorrido a media que avanzaba el trasteo para terminar al final encima y entre los pitones. Sensación de seguridad, buena postura y también firmeza, hasta que llegó el momento de enfilar la tizona. Ahí el toro de Cuadri le esperó siempre con la cara muy arriba y le hizo pasar un quinario en los tres envites en los que encontró hueso. Optó por tirar de la cruceta para finiquitar a su oponente ante la discrepancia del respetable.

Entre una y otra faena de Castaño, Robleño firmó un trasteo largo, afanoso, de mucho valor y capacidad ante la poderosa y espesa embestida de un Pantanoso quinto que vendió todo muy caro. Tal vez se pasó de faena y también le faltó la misma decisión que tuvo con la muleta para amarrar el triunfo con la espada, que se le fue a los bajos. A pecho descubierto le plantó cara Venegas a sus dos cuadris, en una tarde en la que brilló en un quite por saltilleras de presentación antes de ir a las bravas ante sus dos toros con los que sudó sangre y derrochó lágrimas en tarde de arrestos y disposición sin límites a falta de lucimiento.

JAVIER LORENZO
25º del diario de San Isidro
El agua de la vida eterna

EL toreo es el agua que Castaño bebe para gozar la vida eterna. Bien ganada la tiene. Al toreo se aferró para salir del túnel del cáncer que le asoló la pasada temporada y de la que salió victorioso hace 14 meses. Desde aquel trance el primer terno que ha estrenado lo lució ayer en su única cita de esta isidrada. Liviano de bordados pero con tres palabras en latín significativas en la nueva vida que se ha empeñado en vivir:_Aqua aeternum vitae. El agua de la vida eterna. Una declaración. Una manera de vivir y entender la vida. La vida que no entiende sin torear. El toreo se la dio y él está dispuesto a seguir jugándosela aunque salga un marrajo como el quinto Cuadri con el que se atrevió a brindar con su mejor elixir: el agua de la vida eterna.

Javier Castaño
Torero
“Ha sido un lote muy difícil pero mi entrega ahí queda”
Un lote duro, correoso y sin ninguna opción con el hierro de Cuadri estoqueó Castaño en su única aparición en la feria de San Isidro y pese a la dificultad el diestro se mostraba contento con la imagen de seriedad, compromiso y entrega con sus toros: “Ha sido muy difícil, en tardes así es muy complicado puntuar, pero al menos la gente ha podido ver la disposición y la entrega que he tenido con los dos toros”, manifestó Javier Castaño al concluir su actuación. El diestro puso sobre la mesa la cara y la cruz de Sembrador, el toro de Cuadri que lidió en segundo lugar y lo definió así:“Ha sido un toro que ha echado el freno muy pronto, obedecía a los toques pero tuvo el defecto de que se paró pronto”. Sobre sus impresiones delante del toro puntualizó:“Me he encontrado bastante bien con el toro, era noble y se ha dejado hacer, por momentos me he sentido a gusto”. Las buenas sensaciones mostradas con la muleta se tornaron en dificultad insuperable a la hora de montar la espada:“Cuando llegaba al embroque me esperaba con la cara muy alta, no humillaba nada”. Y ahí el torero se lamentaba en los micrófonos de canal Toros:“Siento haberme atascado con la espada, pero no me iba a dejar pasar. No obedecía a los toques y me esperaba con la cara por las nubes. Intenté ponerme más cerca pero no hubo manera, no obedecía, por eso cogí el descabello”. Sobre el quinto dijo:“No daba nada por él. Embestía con el pitón cambiado, la verdad que no lo veía por ningún sitio. Lo saqué para fuera pero sin convencimiento; creí que no iba a sacarle ni uno, pero a base de querer, de irme al pitón contrario y de ganarle el paso le saqué los muletazos. Fue muy difícil”. Pese a las dificultades de su lote manifestó sentirse orgulloso:“La disposición y las ganas ahí están”.

Crónica de Javier Lorenzo para La Gaceta de Salamanca.

Resumen de la Corrida

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