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No pudo ser

  • Junio 9, 2014

Lleno hasta la bandera para el regreso de Miura a Madrid. Expectación máxima y cartel de expertos en la materia para el cerrojazo de un San Isidro triunfalista. Un mes después de que Campano de Valdefresno saliera por chiqueros, arrastraron a Escribano, no confundir con el torero, con más pena que gloria, en consonancia con la corrida en general. El “no hay billetes” auguraba tarde de aplausos, sobre todo para los de Zahariche; público predispuesto en el escenario perfecto. Llegaba la casta y la verdad de nuevo tras una semana sin oler un domecq. Nueve años son el perfecto impasse de espera para olvidar viejas rencillas y llegar a Las Ventas con el expediente intacto. No salió buena la miurada, se esperaba un derroche de bravura que no llegó. Uno devuelto por falta de fuerzas, tres de nulo juego, otro noblón y uno encastado que dio un espectáculo en el caballo. Más espectacular que otra cosa. Pidieron con fuerza la vuelta al ruedo para el astado, les disculpo si no vieron embestir con todo a Cartuchero. Además, justa de presentación, muy desigual.

El derroche de aplausos llegó con Zahonero. Un toro pronto en los toques, de buen tranco y hechuras marca de la casa. Perfecto y lucido recibo a la verónica de Javier Castaño en la segunda de su cuenta particular. Buenas vibraciones entre el animal y el uno de los matadores que mejor entiende este hierro. Le colocaron tres puyazos; el primero al relance, trasero y largo, segundo viniendo de lejos en buen sitio y un testimonial tercero desde una distancia considerable. Tampoco fueron un derroche de entrega que digamos. Par de riesgo asomándose al balcón de Fernando Sánchez. Su tocayo, a caballo, también salió ovacionado. Le esperó en los medios el mayor de los Castaño presentando la muleta por delante. Ni un respingo. Ligó la primera con la diestra con la mano baja y emoción mostrando desde ese primer momento un defecto que se agravó con el paso del tiempo. No quiso echar la cara abajo y al tercer muletazo se aburría de todo. Javier lo quiso hacer pero se encontró con su cara por encima del palillo cuando buscaba lo contrario. Por el izquierdo tenía temple, pero tampoco. Tornillazos aquí y allá. Le faltó ese final para ser un toro de triunfo. Se volvieron locos con él porque se movió. De hecho, hubo naturales sueltos sin poder llegar a hilar uno con el otro. El respetable se volvió en contra del de luces que mató de estocada y descabello. No digo que el torero pudiera estar mejor. Su contrario, también. Pidieron con insistencia el pañuelo azul, no concedió tal honor Javier Cano. El sobrero de Fidel San Román vino vacío de serie.

Ficha

Plaza de Toros de Las Ventas. Última de la Feria de San Isidro. Toros de Miura desiguales de presentación y juego destacando el segundo y Fidel San Román (5º bis)

Rafaelillo: silencio tras aviso y silencio

Javier Castaño: pitos y silencio

Serafín Marín: silencio tras aviso y silencio

Fuente: Burladero

Fotografías: Las Ventas

Resumen del Festejo

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